Anna ha llorado por su rodilla

Vivo en una ciudad de la que me siento orgulloso. Vivo en un lugar rodeado de parques. Vivo en un lugar en que hay integración de nacionalidades, religiones e ideas políticas. A veces ocurren sucesos que hacen que saltemos a las portadas de los periódicos que viven de las cosas feas, pero nadie puede mantenerse al margen de este tipo de "negocio".

Vivo en una ciudad que riega los jardines con agua recuperada. Vivo en una ciudad que está dotando a sus habitantes con líneas de alta velocidad mediante la fibra óptica con precios inferiores a las líneas de 6MB.

Vivo en una ciudad en la que el alcalde lo hace francamente bien. No nos importa su color político. Es vecino y padre aquí. No es perfecto, pero lo hace bien. Las calles están limpias. Tenemos buenas infraestructuras. Tengo la posibilidad de ver que, en parte, mis impuestos sirven para algo.

Pero hoy estoy enojado con mi ciudad y con mi alcalde. Hoy me da igual vivir rodeado de parques. Me da igual la integración e incluso me da igual la línea de alta velocidad que me está permitiendo escribir esto.

Un señor con estudios diseño hace unos años un complejo deportivo situado en el parque de la Torre Roja de mi ciudad. Ese señor con estudios decidió la forma del edificio principal. Decidió cómo se orientarían los campos. Decidió el tipo de vallas. Lamentablemente decidió también el tipo de suelo de la zona de público. Decidió que era bonito poner un suelo de graba mezclado con hormigón (disculpen, señores con estudios, yo, desafortunadamente no entiendo y lo mismo son otros materiales). Decidió poner un suelo en el que cualquier niño, cuando cae, se destroza las manos, las rodillas e incluso la cara.

Quizás el señor con estudios no tiene hijos. Quizás el señor con estudios es sencillamente eso, un señor con estudios.

Hoy, mi hija se ha destrozado la rodilla. Sus tejanos se han rajado como si los hubieran cortado con un cuchillo y su rodillita, la de una niña de siete años, ha quedado totalmente desfigurada. Le quedará la cicatriz de por vida. Sí, lo sé, hay cosas peores en la vida. Hoy, Anna ha llorado por su rodilla. Yo no entiendo por qué tenemos ese suelo. Yo no entiendo a ese señor con estudios. Yo no entiendo a mi alcalde.

En el Centro de Atención Primaria han curado a Anna. Le han tenido que quitar incluso trocitos del tejano que tenía enganchados a la carne.

Todos somos culpables. Todos los padres que nos quejamos cuando estamos en el campo y no hacemos nada. Por eso, desde aquí, quiero decirle a mi alcalde que se han equivocado y ya son varios los niños que lo están pagando. El problema más serio será para el que se deje la cara en ese suelo.

También quiero decir a los señores con estudios que piensen las cosas dos veces cuando se trata de lugares destinados a niños.

Y para finalizar, si alguien llega a leer esto y también tiene estudios, pero de otro tipo, que me diga si puedo pedirle daños y perjuicios a alguien por tan aberrante y desgarrador (de la carne) suelo. Al menos, para evitar que esto que a más de uno le puede parecer una soberana gilipollez, no le pase a nadie más por culpa de ese señor con estudios que está claro que se ha equivocado solemnemente.

Me gustaría decirte aquello de que te vaya bonito, pero hoy acabaré con un "Buenas noches y buena suerte", como la película...

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