Dudamos

Dudamos.

Es un hecho.

Dudamos de todo. De nosotros mismos. De los desconocidos que nos rodean o se nos acercan demasiado en la calle, en un bar. Dudamos de los compañeros de trabajo. Dudamos de nuestras parejas. Dudamos de lo que escuchamos o leemos.

Dudamos si hacer esto o aquello. Dudamos cuando debemos cruzar la calle en una zona sin semáforo. Dudamos sobre el momento y el lugar de nuestras vacaciones. Dudamos si somos suficientemente buenos para nuestro trabajo. Dudamos si somos la persona adecuada para la persona a la que queremos.

En definitiva. Dudamos...

Incluso aquellos que parecen tan seguros de sí mismos, que se muestran al exterior como personas duras e infranqueables. Personas que están rodeados por un halo que les hace ser como una biblia para los demás, personas que, en ocasiones, parecen tener el corazón de hielo... Incluso esos, dudan.

Las dudas nos llevan al miedo, y el miedo nos lleva a la desconfianza y a la ira. Ese miedo que nos hace dudar de casi todo, consigue que enterremos en un pozo a personas que, sencillamente por aparentar más seguridad o conocimiento que nosotros, se nos cruzan.

Esa duda hace que no demos oportunidad a personas anónimas o no tan anónimas a que entren un poquito en nuestra vida, a que crucen sus caminos con nosotros. Perdemos la posibilidad de conocer al que pude ser un buen amigo o, sencillamente, alguien que hará que profesionalmente seamos mejores y subamos algún peldaño en nuestra propia confianza, porque esa persona apuntala un poquito más nuestro mundo, y puede ayudar a hacer desaparecer las dudas. Pero, la duda inicial, hace que no sea así.

Llegados a este punto, te preguntas por qué estoy escribiendo todo esto.

Estos días, tengo un problema de este estilo. Un problema profesional que, en definitiva, y por mucho que algunos quieran negarlo, se transforma en algo personal, porque paso casi la mitad de las horas del día en mi trabajo.

Alguien, no sé si por la duda o por el miedo, no sé si por algún complejo o si por algo tan sencillo como mi manera de ser, me ha denegado cualquier oportunidad de colaborar en algo importante. No sé qué he hecho mal. Nadie me lo explica. Una amiga, me cuenta que, sencillamente, estaba en el lugar equivocado y en el momento equivocado... Y encima, ni lo estaba, sólo apareció mi nombre.

Profesionalmente, las personas con las que trabajo a diario, confían en mí, no dudan, me cuentan aquellas pequeñas cosas que hacen que su trabajo se complique, y me miran esperando una solución o, simplemente, un punto de partida en el camino de la resolución...

Sin embargo, una persona, no me da la oportunidad ni siquiera de hablar. Una persona que aparenta seguridad en sí misma, porque levanta un poco su voz y se muestra en una línea que roza la mala educación y el desplante hacia las personas que están con él. Parece que ese aire de suficiencia le convierta en alguien importante.

A veces, hacemos eso. Nos rodeamos de aire de suficiencia, tratamos mal a los demás, infligimos duros castigos sobre las opiniones de los demás... Sólo porque dudamos...

Buenas noches y buena suerte...

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