Una de médicos...

En las últimas tres semanas, entre hospitales y ambulatorios, debo haber visitado algo más de seis veces a los médicos. Esa es una de las razones por las cuales no he escrito mucho este mes, de hecho, creo que escribí la primera semana de mayo y hasta este momento.

Hoy he vuelto a ir al médico. Esta vez al de cabecera. El pasado lunes regresé de París. Nada de trabajo, ¿eh? Por la tarde ya tenía fiebre. El martes por la mañana, me tomé un ibuprofeno y me fui a la oficina. A ver, no es que sea un súper héroe, pero con la racha que llevaba, a ver si me iban a dar una patada en el culo por volver a faltar…

Joer, fui todo el día como un puto zombie. Mareado. No sabía ni por dónde me venían. Intentaba disimular todo lo que podía, pero creo que la gente lo notaba. Estaba lento, muy lento. Se me hizo el día larguísimo.

Pero el miércoles, mi cuerpo dijo que ni de coña. Me levanté con treinta y ocho de fiebre. Un dolor de cabeza como si todos los contertulios de los programas estos de la tele en los que ponen a parir a alguien, estuvieran hablando a la vez en la misma habitación en la que yo estaba. Me dolía todo. Hasta las uñas de los pies. El jueves, más de lo mismo, pero el dolor de cabeza fue superior. Podrás imaginar que no me levanté de la cama para mucho. Ir al lavabo y comer algo… Poco más. Y sí, a diferencia de lo que dice X., para darme una ducha. Digo lo de diferencia, porque según él, eso es de mmmmmmmmuy maricón, que un tío nunca se quiere duchar… Será cerdote el tío…

Esta mañana, aunque no estaba en mi temperatura normal (la corporal, no la mental), seguía encontrándome francamente. (Francamente, ahí acaba la frase, no es ningún error... Joer, tiene gracia). Dolor de cabeza brutal, debilidad… Vamos, lo típico de un gripazo. Mi mujer ha llamado al ambulatorio. No vienen a casa si no te estás muriendo, y menos para darte el parte de baja.

Pues vale, no discutamos, ¿a qué hora son las urgencias? A la una, perfecto, son las ocho y media de la mañana, podemos esperar un rato.

A la una me he ido al ambulatorio. Esperándome una cola de tres pares de cojones… Pero no, no había nadie. En la puerta siete una doctora a la que no había visto en mi vida. Le explico la situación y me dice, sin mirarme, que me va a dar la baja, pero desde hoy. Claro, yo, entre sorprendido y apático (no tenía muchas ganas de hablar, y menos con un desconocido), le he dicho que llevaba en casa desde el miércoles… Me ha dicho que eso ella no lo sabía, que tendría que haber llamado el miércoles al ambulatorio, para decirles que estaba en casa con fiebre. Que como no lo había hecho, no me daba la baja…

¿A que no te lo crees? Pues palabra de honor. Yo me he descojonado un poco. Vamos, un ja, tampoco tenía energías para mucho. Aunque te parezca mentira, le he dicho que no tenía humor para discutir. Que lo aceptaba, pero que no lo entendía, que nunca me habían dicho una cosa así (y mira que me han dicho cosas raras)… Que llame para decirles que estoy malito en casa. Claro, y la persona que está al teléfono, me atenderá, tomará nota, me dirá que me meta en la cama y que me cuide… No te jode.

Le he dicho que hiciera lo que tuviera que hacer. Le he preguntado si su nombre aparecería en el parte de baja. A su contestación afirmativa, le he dicho que yo luego ya haría lo que tuviera que hacer. Pero sin levantar el tono de voz, bueno, no podía levantar nada yo ahí… Ahí ella ha dado un paso atrás y me ha dicho aquello de “Dejémoslo estar” y se ha puesto a imprimir. “¿El alta para hoy?” Ahí me ha hecho gracia, pero no he querido decirle nada… Ni siquiera me había auscultado. Por cierto, no ha tendido desperdicio el momento en el que me ha dicho que volviera la semana que viene, que estaría mi doctora habitual y que me diera ella la baja… ¡¡¡PERO SI LA ESTÁS SUSTITUYENDO!!!

Me ha dado el parte de baja, desde el miércoles, y el parte de alta. Sin levantarse de la mesa. Entonces, le he preguntado si seguía con el ibuprofeno y el jarabe que me estoy tomando para la tos. Entonces, oh madre misericordiosa, y solo entonces, se ha levantado, se ha puesto a mi espalda (me ha parecido una mujer mayor) y me ha levantado la camiseta… Menos mal, imagina que me baja los pantalones… Me ha auscultado un poquito, yo tosiendo como un camionero y buscando alpiste… Me dice, te veo bien… Jodeeeeeeer…. Hija de una hiena…

Se ha vuelto a sentar, me ha dicho que siguiera tomando lo mismo y me ha preguntado
“¿algo más?”…

Me vuelvo a la cama. He perdido tres días de curro, diez minutos de normalidad a manos de una doctora de la seguridad social y, para colmo, hemos anulado una reserva para estos próximos tres días… no es plan de irse en estas condiciones…

Que vaya bonito,

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