Papá, que tengo que hacerlo yo y no tú...

Siguiendo con el tema de Sant Jordi, hoy quiero contarte algo que, como viene siendo habitual, me sorprende e incluso me arranca alguna risotada...

En el colegio de los críos, para celebrar ese día tan especial para los catalanes, tan especial, que nuestro des-gobierno autonómico no lo marca como festivo en el calendario, la dirección pide a sus alumnos que lleven algo relacionado con la festividad.

Da para mucho, Libros, rosas, Sant Jordi, dragones, princesas, castillos... Bueno, lo que se te antoje...

En nuestro caso, mi mujer, con unas hueveras, pintura al agua, una cartulina, unas pelotas de ping-pong, un rotulador indeleble, un poquito de pegamento y cinta americana, se sentó con los críos para que hicieran unas cabezas de dragón. Ellos lo pintaron de la forma que a ellos les pareció, decidieron cómo querían los ojos y, ayudados por su madre, hicieron unas cabezas más que aceptables. Bueno, qué te voy a decir yo, me parecen geniales...

Lo divertido del asunto es la muestra de objetos que llevaron los niños de cuatro, cinco y seis años. Bueno, algunos, creo que ni siquiera yo sería capaz de hacerlos, aunque eso dice bien poco, porque soy bastante inútil en cuanto a trabajos manuales se trata, siempre me han dicho que yo, más que dedos, tengo po**as, porque todo lo que toco, lo jodo... Bromas aparte... Es para flipar las curradas que se pegan algunos padres para que sus hijos lleven un castillo cojonudo, un dragón de barro que ni Joan Miró, dragones de papel... Como diría Jesulín, dos palabras IM-PRESIONANTE...

Y yo pienso... ¿Esto no es para que los niños estimulen su imaginación y otras habilidades y hagan lo que les parezca? ¿Qué hacen los padres? ¿A qué juegan? Luego los miran, los objetos, digo, y se sienten orgullosos... ¿De quién? ¿De sus hijos? ¿De ellos?

Afortunadamente, hay maestros de escuela que piensan que el que tiene que ser mostrado como ejemplo magnífico de cómo un niño pone manos a la obra es, precisamente, lo que él haya hecho, aunque a nuestros ojos adultos pueda parecer lo más horrible del mundo, porque a sus ojos y a su forma de ver, es el artículo más bonito que puede hacer un crío normal...

La sensación que te queda, como siempre, es que algunos padres, no se preocupan de sus hijos, se preocupan de lo que los demás van a pensar sobre ellos... O sencillamente no entienden las instrucciones de los colegios, que también podría ser, porque corre cada adulto por ahí, que hasta se le caen las cáscaras de las pipas al suelo cuando están sentados en un banco...

Llega el calor... Llega la Camilocura

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