Declaraciones de buenas intenciones

Hace unos días leía en Facebook una frase que había escrito una amiga. Ella parece tener las mismas tendencias que yo, es decir, las de escribir cosas aparentemente sencillas que encierran grandes significados o grandes enigmas.

“¿Hasta cuándo duran las declaraciones de buenas intenciones?”

Como diría ella, de hecho, lo ha dicho, es una provocación.

A mí estas cosas, aunque veo que forman parte de nuestra vida cotidiana, no dejan de darme un poco de rabia.

Es como lo del “Día internacional de la mujer”… Mientras necesitemos ese día, es que algo no está funcionando correctamente.

Con de las declaraciones de buenas intenciones, me pasa lo mismo. Si son necesarias, es que algo está funcionando mal. No debería hacer falta hacer las mencionadas declaraciones. Deberíamos estar hasta arriba de buenas intenciones. Cuesta lo mismo una buena intención que una mala intención.

¿Por qué alguien llega a un punto en el que tiene que hacer esa declaración? Me llevo esto al ámbito de la pareja. No quiero pensar ni en guerras ni en política. Aunque llevar esto al terreno de la pareja pueda asemejarse a una guerra o, al menos, acabar con alguien durmiendo en el sofá.

La vida en pareja no es fácil. En ocasiones es imposible. Conozco a alguna persona fantástica que seguro que corrobora esto. Creo que muchas veces hemos tenido que hacer alguna declaración de buenas intenciones. Todos. Dudo que me puedas decir que tú no has tenido que hacerlo alguna vez con tu pareja. Puede ser por pequeños detalles, o por grandes detalles. Puede ser por doblar y guardar la ropa una vez limpia, o puede ser para evitar hacer daño físico o emocional a la otra parte.

Creo que el problema viene exactamente cuando alguien a quien quizás admires, suelta esa pregunta. Se cuestiona la duración de esta declaración. Eso puede llenarte de un profundo dolor. Eso puede hacerte pensar que algo no ha funcionado como debiera y, quizás, ahora está viviendo en una nube porque esa declaración de buenas intenciones da algún resultado…

Siempre he pensado que todos merecemos una segunda oportunidad. Alguna vez ya te he hablado de eso. Pero también debo reconocer que en esto de las buenas intenciones, me cuesta creer. Desgraciadamente pienso que no duran más de un mes. Ese es el tiempo en el que volvemos a ser lo que realmente somos. Una declaración de buenas intenciones es, en muchas ocasiones, una burda copia falsificada y modificada de nosotros.

Una declaración de buenas intenciones nos ilusiona y nos llena de felicidad, pero creo que al final suelen acabar como empezaron. Una declaración de buenas intenciones oculta lo que realmente es la persona que la hace. Durante un tiempo lucha contra su propia naturaleza, pero esa es una lucha en la que no tiene ninguna oportunidad, es una batalla que ya empieza con un claro resultado. Nunca ganará. Siempre volvemos a lo que realmente somos. Hay que cambiar muchas cosas de base para poder hacerlo.

Lamentablemente, algunas declaraciones de buenas intenciones acaban por convencer a alguien por retirar una denuncia en un juzgado… Acaban con alguien llorando sobre una caja de madera en la que hay un ser querido. Eso es lo que nos enseña la vida.

Afortunadamente, otras, salvan amistades y matrimonios.

Que te vaya bonito,
àlex

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