No celebres el cumpleaños de tus hijos en un McDonald's

Así de tajante. Así de sincero.

Ayer lunes celebramos el cumpleaños de los críos con sus amigos. En total eran unos 25 niños. Hacía tiempo que ya habíamos dado la paga y señal para la fiesta. Otros años habíamos celebrado esa fecha en lo que los niños vienen llamando "las bolas". No. No empieces. Te recuerdo que son mis niños los que lo llaman así. No pienses en cosas que no son. Sencillamente, son esos locales que disponen de unos parques interiores que están llenos de laberintos y bolas de plástico. A mí me recuerda un poco a las jaulas de los hamster, pero mejor no meterme en ese jardín.

Bueno, eso. Ayer fuimos al McDonald's. No fuimos a las bolas.

Tenían que llamarnos el día antes para confirmar hora y el número de niños que iban a ir. Nada. Ni una llamada. Cero pelotero.

Por la mañana, un poco antes de las 11 llamé yo. Me dijeron que las chicas que se encargan de las fiestas infantiles llegaban más tarde, pero que me llamarían ellas. El chico que estaba al otro lado del teléfono me dijo que no me preocupara. Pues vale, pues no me preocupo.

A la una de la tarde tuve que volver a llamar yo porque nadie se había puesto en contacto con nosotros. Se puso una chica que se identificó como encargada de las fiestas infantiles, le dije la hora a la que íbamos, las cinco y media, en vez de las seis que era la hora pactada inicialmente. Su comentario fue que no había ningún problema. Pues vale, ningún problema…

A las cinco y media nos presentamos allí. Nosotros y, por supuesto, un montón de gente más. Tenían la mesa ya preparada, para los veinticinco. Imagina, entre los niños y los adultos… un huevo de gente allí. Había dos fiestas de cumpleaños más. Cuatro chicas del McDonald’s liadas pintando a otros niños. Estuvieron allí liadas un buen rato. Viendo el percal, a eso de las seis, me acerqué a la barra a preguntar por el encargado. El chico que estaba allí atendiendo a otra mujer me contestó algo parecido a “yo mismo”. Le hice ver mi malestar con educación y cortesía. Él intentó salir del paso diciéndome que hablara directamente con ellas, ya que el tema de las fiestas de cumpleaños era un tema aparte y que lo llevaban ellas. Claro, a mí eso no me moló demasiado y preferí decirle aquello tan típico de “Yo le pago a McDonalds”.

No hizo falta más. Se pusieron las pilas. De cualquier forma, muy mal organizado todo. Sólo al quejarme, las cuatro chicas se repartieron para ir pintando las caras de los críos de todos los cumpleaños.

Empezó la merienda a las siete de la tarde. Los críos ya estaban desesperados. No esperes que el personal del McDonald’s esté por los críos, como pasaría en cualquier otro local. Para nada. Ellos pintan caras, traen meriendas, traen pastel y, como mucho, hacen el papelón a la hora de abrir regalos. Es un poco desconcertante. Y, claro, no esperes una gran coordinación. Teníamos tres pasteles. Los niños no han probado ninguno. Ya estaban hartos. Se han ido al parque a jugar.

Vamos, un desastre. Conseguimos que los niños se lo pasaran bien. Al menos, eso era lo importante. Yo no me quise discutir con nadie, aunque a veces pensé que ellos querían entrar al trapo. No quería enfadarme, no quería amargar el día de los niños.

Mi consejo: Si lo quieres hacer en el McDonalds, les pides el pastel y tantos “Happy Meals” como niños vayan. Te llevas las pinturas y los pintas tú. Mejor organizado. Te lo pasarás mejor. No dependerás de nadie y, de rebote, te saldrá mucho más barato.

Cuando mi amigo M. lea esto, seguro que dice que me he portado bien. Hoy he evitado el sarcasmo y la ironía.

Cuidado ahí fuera.

àlex

Comments

Popular posts from this blog

Muerto el perro, ¿se acabó la rabia?

Arbeit macht frei