Ya no me ves...

Hoy es un día extraño. La alegría y la tristeza invaden mi corazón. La alegría por volver a casa, la tristeza por dejar atrás amigos y momentos.

Ya no me ves... El tren ha llegado al mi estación. Yo me bajo aquí. El resto continuará. Mi castigada maleta y mi abrigo de lana me han acompañado durante todo este viaje. Un viaje a un país en el que el verano ha durado una semana.

Desaparezco. Salgo de escena. Sigo mi camino.

He hablado tanto contigo durante todo este tiempo. Ha sido fácil. Me has escuchado. Nunca me has recriminado nada. No me has juzgado. Has sabido estar ahí. En silencio. Sin decir nada. Te he explicado mis dificultades. Mis alegrías. Mis tristezas. Era difícil poder contarle todo lo que aquí he escrito a nadie.

Se abre un nuevo camino ante mí. Ya no soy el mismo. Algo ha cambiado. Profundamente. Lo pienso y me doy cuenta. Lo veo en las fotos. No me reconozco. Creo que soy más fuerte. Un año más viejo. Pero algo no ha cambiado. Hay una cosa que ha vuelto. Tengo muchas ganas.

Debo dar gracias al destino. A ese destino al que responsabilizamos de todo lo que nos ocurre. Porque seguramente ha sido el mismo que ha hecho que, a lo mejor, tú y yo nos hayamos conocido. Hayamos compartido tantas y tantas conversaciones. Tantos silencios.

Hay muchas cosas que no te he contado. Tu silencio no me lo permitía. No contestabas. Claro.

Ahora ya nadie sabe lo que sucederá. Aunque estoy seguro de que todo será fantástico. En lo bueno... y en lo no tan bueno. Esa es la maravilla de la vida.



Te veo luego...

àlex

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